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D.JULIÁN, CÁMARA en MANO, RODANDO UNA DE SUS MUCHAS PELÍCULAS FERROVIARIAS.-
"D.Julián de Elejoste y Benito del Valle, nacido en el nº 5 de la calle Gran Vía de Bilbao el 13 de noviembre de 1916, hijo de médico de Durango,
Don Martín de Elejoste y Astarbe y de Doña Nieves Benito del Valle Ibarra natural de Bilbao, familia perteneciente a propietarios de explotaciones mineras en la cuenca minera del hierro de Bizkaia y de otras minas de carbón en León.
Los veranos los pasaba en una antigua casa-torre de la familia materna de una pequeña localidad llamada Ungo Nava de Ordunte, situada en el valle de Mena, al norte de Burgos.
Por casualidad o por el destino, el jardín de dicha casa lindaba con las vías del tren de la línea de La Robla, así que creció contemplando esas locomotoras de vapor que tanto le atraían; su humo, las chispas que saltaban al jardín a su paso, el sonido, su música entre vapores y hollín… tenían magia.
No desaprovechaba nunca la oportunidad de ir en tren; en algunas ocasiones, siendo aun adolescente, se apeó en una estación para ver otras máquinas estacionadas, perdiendo el tren que le llevaba de regreso a casa.
Estas peripecias ocasionaban, lógicamente, que en lo sucesivo sus padres le recordaran que no se bajara en las estaciones y que volviera a casa directamente.
Era irresistible la fascinación que sentía por los trenes y su entorno, le brotaba la imaginación en su observación.
Cursó estudios de bachillerato con los Jesuitas y obtuvo el título de Profesor Mercantil ocupándose, junto con su hermano, de la dirección de la Mutualidad Carbonera del Norte, y varias explotaciones mineras familiares.
Contrajo matrimonio el 9 de julio de 1.949 con Doña Mª Paz Barreiro Bengoa, hija de Don Ramón Barreiro Zabala, vitoriano, (ingeniero en Bélgica, industrial fundador de una fundición de hierro) y de Doña Mª Paz Bengoa Barrera, nacida en Bilbao. Fruto de ese matrimonio nacieron 4 hijos, Xabier (1950 y fallecido en 2005), Mikel (1954), Kepa (1958) y Mª Paz (1964).
D.JULIÁN, CON UNA CÁMARA BÓLEX de 16mm, RODANDO durante una BODA FAMILIAR.-
Como consecuencia de ello y con el tesón que le caracterizaba, buscando cómo tratar de disfrutar para siempre de estos recuerdos que él ya veía que el tiempo poco a poco iba a hacer desaparecer, decidió perpetuarlos con la misma herramienta que utilizaba para los acontecimientos familiares: las maquinas de cine, los famoso “tomavistas” de aquel entonces.
Era su mejor forma de capturar esos momentos, esas sensaciones, visiones, olores, brisas… sentir el ferrocarril.
Aun recuerda su viuda aquel día que llegó a casa con restos de hollín en la ropa después de una de esas excursiones ferroviarias lleno de enorme euforia y satisfacción
por haber sido el agraciado en un sorteo entre los amigos del ferrocarril de Bilbao para poder viajar en la locomotora junto al maquinista dando paladas de carbón.
Julián se desplazaba por toda España para filmar los últimos viajes de aquellas líneas cuando se enteraba que desaparecían.
Algunas veces acompañado por algún hijo, otras por otro amigo y aficionado como su tocayo Julián Palmero, para, de esa manera, poder filmar desde fuera y dentro del convoy.
Metros y metros de películas, cientos, quizás miles.
Emulando a Georges Simenon en el titulo de la novela “El hombre que miraba pasar los trenes”, como dijo el conocido periodista Antxon Urrosolo en el homenaje póstumo que recibió su viuda en el 45º Festival Internacional de Cine de Documental y Cortometraje de Bilbao en el año 2.003.
COMENTARIO PUBLICADO en la Revista del AYUNTAMIENTO de BILBAO.
La vida de Julián tuvo una constante: compartir su amor y cariño, amor a su esposa, a la vida familiar y a la vez a su afición preferida, el ferrocarril.
En su casa iba coleccionando diferentes marcas de juguetes de ferrocarril, de diferentes escalas, desde las conocidas Marklin, a las miniaturas Eggermann, o aquellas de jardín marca LGB, etc.
Con mucha habilidad en su primer domicilio dichos juguetes recorrían varias habitaciones atravesando rodapiés hasta alcanzar el salón de la casa para asombro de sus parientes y amistades, hasta que en la siguiente, y último domicilio, por respeto a su mujer reprimió y pactó su “pacifica invasión” a tener todo su material en una sola habitación construyendo a su gusto y con sus propias manos maqueta y dioramas con las diferentes escalas para conseguir dar la sensación de proximidad o lejanía desde su centro de mandos que constantemente actualizaba y mejoraba hasta el final de sus días.
Su ilusión para su retiro era construirse una casa de campo rodeado de jardín y delimitando sus terrenos por un circuito de ferrocarril real con el ancho de métrica formado por dos locomotoras provenientes de antiguas explotaciones mineras familiares en León.
El reloj de su vida no permitió ver alcanzar ese sueño. En la tarde del sábado 7 de octubre de 1972 (el mismo día en que se iniciaban los trabajos de ese anhelo), tras disfrutar una vez más y de forma fortuita de su película preferida “El Maquinista de La General” de Buster Keaton.
"EL MAQUINISTA DE LA GENERAL" (1927) - BUSTER KEATON.-
Parecía que el destino le tenía deparado este final, el ferrocarril le acompañó hasta en sus últimos momentos. Puso el corazón en todo lo que hizo, demasiado corazón…
Su dedicación, la técnica, el estilo, la estética… todo un talento y alma de cineasta.
Su esposa e hijos fueron su vida, a ellos dio su profundo amor, pero la pasión por los trenes fue la banda sonora, la melodía que acompañaba y animaba su trayecto para un largo recorrido en la vida.
A veces se encontró con cuestas muy pronunciadas y había que echar mucho carbón, pero también hubo cuestas abajo y largos llanos en que la locomotora, que era nuestro padre, nos condujo con paciente y calido pulso dejándonos en este mundo un enorme legado.
El era un hombre muy romántico, cariñoso, generoso, divertido, inquieto, siempre dispuesto a todo, muy querido por todo el mundo.
Julián era de otro tiempo o de otra dimensión.
No ha transcurrido un sólo día en todos estos años que nos falta en que no le hayamos añorado.
Pero de alguna forma somos afortunados porque esas filmaciones nos lo devuelven de nuevo, no le hemos perdido del todo…...Gracias a la exquisita colaboración con Gustavo Vieites estas imágenes nunca se perderán.
Compartir este material altamente sensible para la familia con la inigualable labor y cariño de Gustavo Vieites es de alguna manera, honrar su memoria por su magnífico trabajo y declarar hoy día que en justicia nuestro padre no hubiera podido reunir todo este material sin la generosidad, paciencia, comprensión e inspiración de su esposa “Pachu”, nuestra madre, María Paz Barreiro, que, por cierto hubiera sido una grandísima acuarelista.
Pero ésa es otra historia…
Muchas gracias amigo Gustavo."
Kepa y Mary Paz Elejoste.-